El problema no siempre es falta de tiempo

Todos recibimos días con la misma duración, pero no todos los compromisos tienen el mismo peso. Cuando todo se trata como prioridad, el día termina administrado por interrupciones, mensajes y urgencias ajenas. Gestionar el tiempo consiste primero en decidir qué merece espacio y qué debe esperar.

Una agenda llena puede ser evidencia de actividad y, al mismo tiempo, de poca dirección.

Tres niveles para ordenar una semana

Empieza por distinguir lo importante, lo necesario y lo opcional. Lo importante se relaciona con objetivos y relaciones que quieres sostener. Lo necesario evita consecuencias concretas. Lo opcional puede ser valioso, pero no debería desplazar siempre a los dos anteriores. Esta clasificación sencilla permite ver dónde estás entregando tiempo sin haberlo decidido.

Protege el siguiente bloque, no todo el mes

Planear demasiado lejos puede convertirse en otra forma de aplazar. Elige uno o dos bloques de atención para lo que más importa esta semana. Define qué harás, cuánto tiempo tendrá y qué necesitas apagar o posponer para protegerlo. La administración del tiempo se vuelve real cuando algo recibe un lugar concreto en el calendario.

Revisar compromisos también es administrar

Cada cierto tiempo pregunta: ¿qué estoy haciendo por inercia?, ¿qué puedo delegar?, ¿qué debería terminar?, ¿qué conversación estoy evitando y por eso sigue ocupando espacio mental? Administrar el tiempo no es solo añadir técnicas; también es retirar compromisos que ya no tienen sentido.

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